Cautiva por Eileen Ovalle


Luana no podía levantarse…ya casi no tenía memoria de su pasado ni de aquellos rostros que alguna vez sonrían en un recuerdo, ese que la mantuvo con fuerzas hasta ese momento.


Adentro estaba oscuro y afuera silencioso…y se preguntaba ¿qué había pasado con ese extraño que de vez en cuando la alimentaba? y quiso intentar humedecer un poco su herida garganta seca por la falta de agua…


No sabía dónde estaba, ni cómo escapar de las cadenas que la aprisionaban a la cama y mientras el silencio se hacía más intenso, escuchaba gemir a la noche, tan solitaria como ella…


El frío de la madrugada helaba sus huesos y por primera vez, Luana sintió un alivio…porque la noche la abrazaba en esa soledad hiriente que mata el alma y ella necesitaba ese abrazo…si…para no morir tan sola

Eileen  


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